Frecuencia Vivo · Episodio 3 · Las Lías
«No tengo tiempo ni para mirar qué estoy sintiendo». Esa frase, que Lía Correal escucha de algunos de sus clientes, abre una de las preguntas del tercer episodio de Frecuencia Vivo: ¿cómo atender el dolor emocional en medio del día a día? Junto a Lía Lopera, propone una conversación sobre el duelo, los cierres y la posibilidad de darles un nuevo significado a las experiencias dolorosas.
Las Lías comparten reflexiones y prácticas desde su experiencia, su fe y los saberes que han explorado. El punto de partida es reconocer lo que se siente: «La emoción no es la enemiga». Desde ahí hablan de gratitud, oración, meditación, afirmaciones y respiración, y presentan cómo incorporan Healy a su trabajo personal.
Duele crecer y aprender a cerrar ciclos
Lopera reconoce que el dolor emocional es un tema amplio y complejo. El dolor y los duelos hacen parte de la vida; para ella, lo importante es cómo los gestionamos. Al avanzar aparecen desafíos para los que no siempre estamos preparados, especialmente en el plano emocional.
«Duele crecer», comenta Correal. Su madre coincide: a lo largo de ese «viaje que se llama vida» llegan cambios que obligan a mirar lo que sentimos y a aprender a atravesarlo.
Para Correal, a veces ni siquiera advertimos que detrás de un dolor emocional hay un duelo. La conversación propone detenerse en esa experiencia y dejar de tratar la emoción como una enemiga.
Lopera invita a sentir el dolor, a abrazarlo «como si fuera mi amiga» y, ante todo, a resignificarlo. Con esa palabra se refiere a darle otro sentido a lo que está ocurriendo, quedarse con el aprendizaje y reconocer lo positivo que pueda encontrarse en la situación.
Correal recurre a una imagen de la naturaleza para hablar del crecimiento: una planta que, para salir a la superficie, tiene que romper la tierra. Relaciona esa imagen con los cambios del cuerpo durante la infancia y la adolescencia, y recuerda que su madre la acompañó en un episodio difícil de su propio crecimiento físico. Si crecer implica atravesar cambios, se pregunta, ¿cómo no habría de doler también el crecimiento emocional?
Sentir y soltar para seguir avanzando
«Sentirla y soltarla, sentirla y soltarla», insiste Lopera al hablar de la emoción. En su explicación, quedarse «pegado al dolor» puede convertirlo en sufrimiento. Ambas llegan a describir ese apego como una forma de volverse «adictos al dolor».
Lopera relaciona esta idea con los cierres que trae la vida. Mientras avanzamos, cerramos ciclos, dejamos situaciones atrás y cambiamos. Su propuesta es aprender de esos cierres y soltar lo que ya no corresponde, porque cargar con todo puede volverse un peso que dificulta seguir adelante.
Correal recuerda entonces a la serpiente que cambia de piel: suelta la anterior y sigue con «su nuevo vestuario». ¿Qué pasaría si quisiera quedarse en la misma piel?
Para ella, esa imagen permite mirar lo que a veces nos ocurre: insistimos en quedarnos en una etapa, en una forma de sentir o en algo que ya cambió. En esa permanencia sitúa el paso del dolor al sufrimiento y plantea la siguiente pregunta: ¿cómo resignificar lo que duele?
Buscar un punto de luz en la oscuridad
La respuesta de Lopera vuelve a una idea presente en los episodios anteriores: la gratitud. Incluso en los momentos dolorosos, propone buscar un motivo por el cual agradecer.
«En todo sitio de oscuridad hay un punto de luz que a veces uno no ve», dice. Habla de «la noche oscura del alma» y de esa fuerza que, desde su fe, recibe de Dios y que la ayuda a mantenerse firme, encontrar fortaleza y sentir «paz en la tormenta».
Lopera evoca el Salmo 23 para expresar la confianza de sentirse acompañada aun al atravesar un «valle de sombras de muerte». La certeza de ir de una mano poderosa representa para ella una fuente de tranquilidad en medio del dolor, «un bálsamo para el alma» que ayuda a curar la herida.
También utiliza la imagen del yin y el yang: dentro de la oscuridad hay un punto de luz y dentro de la luz hay un punto de oscuridad. Con esa referencia explica cómo, incluso en una situación difícil, busca reconocer algo que la sostenga y le permita mirar de otra manera.
Correal recoge esa reflexión. Cuando estamos muy metidos en una emoción, comenta, puede resultar difícil encontrar cómo salir de ahí. Para ella, la gratitud, la oración y esa mirada sobre la luz y la oscuridad se relacionan con lo que en programación neurolingüística llaman resignificar.
Lopera lo explica como abordar la situación desde un punto de vista diferente, darle otro sentido y cambiar el patrón con el que se está viviendo. Lo vincula con resolver ese conflicto interno que no deja avanzar y con aliviar el peso que se lleva en el camino.
Escuchar lo que sentimos en la vida cotidiana
Al comienzo del episodio, Correal habla de dolores emocionales que a veces no sabemos que siguen ahí y que aparecen en medio del ruido cotidiano. Menciona molestias como el dolor de cabeza recurrente o la garganta seca, que algunas personas normalizan, y las relaciona con las emociones desde su interpretación.
Más adelante, Lopera comparte su preocupación por el peso que pueden tener los conflictos emocionales en el cuerpo. Habla de somatización y menciona problemas de rodilla, colesterol, infarto y salud mental como parte de su explicación; al referirse a las rodillas, añade una observación personal: «Ese es el mío».
Estas asociaciones recogen la manera en que Las Lías entienden la relación entre sus vivencias emocionales y el bienestar físico. Desde esa mirada, ambas insisten en prestar atención a lo que se siente y en buscar serenidad, paz y confianza para atravesar los duelos.
Una oración sentida y el valor del sentimiento
¿Por qué la oración puede convertirse en ese bálsamo? Lopera responde que, para ella, permite conectar el corazón con el cerebro y con el sentimiento. Alude a Gregg Braden y a El efecto Isaías para hablar de sentirse agradecido, acompañado y consciente de que no se está solo en el viaje.
Correal pone el acento en lo que se siente al orar. También incluye la meditación y los mantras en la conversación: más allá de repetir unas palabras, le interesa el sentimiento que esas palabras despiertan.
Lopera propone las afirmaciones positivas como otra posibilidad para quienes no quieran involucrarse con la oración o la meditación. En su explicación, son recursos para trabajar sobre el patrón de dolor y resignificar la situación.
Correal toma como ejemplo el Padre Nuestro y la petición del pan de cada día. Para ella, sentir que Dios sostiene lo cotidiano permite depositar confianza y sobrellevar lo que ocurre con mayor facilidad.
Sin embargo, reconoce que las palabras y la emoción no siempre van juntas. «A veces nosotros estamos rezando el Padre Nuestro, pero estamos con una piedra que no podemos con ella», comenta. Por eso distingue entre decir «gracias» por repetirlo y expresarlo con un sentimiento de gratitud.
Lopera relaciona trabajar la gratitud, el amor y la paz con sembrar emociones que ayuden a atravesar una tormenta. Utiliza la imagen de un aguacero gigante y la posibilidad de encontrar dónde escampar, de la mano de Dios.
«No es escapar, es escampar», precisa Correal. La imagen les permite hablar de una pausa que ayuda a entrar en coherencia mientras se atraviesa la situación dolorosa.
Soltar el control y confiar
Cuando Correal le pregunta qué práctica recomienda desde su propio recorrido, Lopera responde: «Definitivamente la oración, pero una oración sentida». No necesita ser el Padre Nuestro ni una fórmula elaborada, añade su hija.
Para explicarlo, Lopera cuenta la historia de Juan, un obrero que visitaba todos los días el Santísimo. No encontraba muchas palabras; simplemente saludaba: «Jesús, aquí está Juan».
Según el relato, Juan enfermó y dejó de poder hacer sus visitas. Mientras estaba en cama, Jesús se le apareció y le dijo: «Juan, aquí está Jesús». A Lopera le conmueve la sencillez de ese encuentro y lo utiliza para ilustrar el valor que encuentra en una oración sincera.
Desde su fe, sostiene que toda oración es respondida, aunque a veces la respuesta llega de una forma inesperada. Esa idea la lleva a hablar de la necesidad de control: en medio del dolor, dice, queremos controlar lo que sentimos y todo lo que sucede.
Su propuesta es soltar ese control y entregarlo a Dios. Lo expresa con palabras sencillas: «Te lo entrego», «toma el control». Para ella, confiar, tener fe y mantener la esperanza cambia la manera de vivir la situación.
Respirar y recordar lo bonito
Correal comparte otra práctica que comenzó a estudiar durante la pandemia, relacionada con la coherencia del corazón. La presenta como un ejercicio que puede hacerse mediante la respiración y la evocación de experiencias positivas.
Primero propone inhalar y exhalar tres veces. Mientras se respira, invita a llevar la atención al corazón e imaginar que la respiración ocurre desde esa zona.
Después sugiere recordar las cosas bonitas que han pasado durante el día. Si en ese momento resulta difícil encontrarlas, propone ampliar la mirada y recordar experiencias bonitas de la vida.
Correal relaciona ese recuerdo con «abrir el corazón» y describe una sensación que ella sitúa en esa zona. En su explicación, la respiración y la evocación de momentos positivos ayudan a calmarse y a cambiar la manera de experimentar la emoción.
El ejercicio retoma el valor del sentimiento que ambas venían conversando. Correal lo conecta con esos estados de amor, bondad y gratitud que también asocia con la oración, los mantras y la meditación.
Para ella, la palabra es creadora y permite volver al momento presente. La respiración ofrece otra manera de hacerlo: recordar lo vivido desde el amor y la gratitud para mirar aquello que duele desde un lugar diferente. Lopera recibe la práctica como una reflexión valiosa para acompañar los duelos.
El momento Healy y las heridas del alma
En el segmento dedicado a Healy, Correal pregunta cómo trabajan con esos «bajonazos» emocionales. Lopera menciona «Heridas del alma», y su hija aclara que se trata de un módulo con varios programas.
Ambas describen sus frecuencias y vibraciones desde la experiencia positiva que han tenido con ellas. Correal agradece a la creadora de esas frecuencias y las relaciona con el trabajo sobre dolores emocionales que, en su interpretación, vienen de heridas anteriores.
Al hablar de esas heridas, Lopera menciona el abandono, el rechazo y las relacionadas con la aprobación. Las describe como experiencias que pueden venir desde la infancia y que acompañan el crecimiento.
Correal destaca el programa «Aceptación», que vincula con esos momentos en los que cuesta aceptar una situación. También menciona «Serenidad», uno de los que utiliza cuando siente que quiere todo «ya, ya» y necesita recordar que, desde su fe, los tiempos de Dios pueden ser distintos de los propios.
Lopera suma «Felicidad», un programa que le gusta porque, según comenta, a veces cuesta mantenerse en ese sentimiento y disfrutarlo. Las descripciones de estos programas corresponden a la experiencia y a los usos que Las Lías comparten en la conversación.
Correal presenta Healy como un apoyo a las herramientas que han mencionado y deja una precisión: «Healy no sustituye el trabajo que nosotros tenemos que hacer». Para ella, sigue siendo necesario darse cuenta de lo que ocurre y hacer el propio trabajo personal.
La imagen de cambiar de piel reaparece con otro ejemplo: cuando un vestido queda apretado, buscamos otro. De la misma manera, propone reconocer cuándo esa piel que llevamos ya no nos sirve y es momento de cambiar.
Dar otro significado a lo que duele
Al cerrar el episodio, Lopera destaca la transformación que considera posible al resignificar una situación emocional dolorosa: aceptarla, abrazarla y darle otro sentido. También retoma el cambio de patrones mediante la oración, la meditación y las afirmaciones positivas.
Correal vuelve al punto de partida: las heridas y los dolores emocionales no son enemigos. En la propuesta que comparten, resignificarlos requiere atender el lenguaje y el sentimiento, y conectar con el amor, la bondad y la paz.
Las Lías agradecen a quienes las acompañan, los invitan a suscribirse y a seguir el podcast en sus redes sociales y su página web. Cierran este encuentro con su despedida habitual: «Gracias por vibrar con nosotras». Sigue vibrando bonito.