Reconectar contigo en medio del caos

Frecuencia Vivo · Episodio 4 · Las Lías

¿Cómo encontrar un espacio para nosotros mismos sin sentir culpa ni descuidar las responsabilidades? Esa pregunta atraviesa el cuarto episodio de Frecuencia Vivo, en el que Lía Correal y Lía Lopera conversan sobre la reconexión personal en momentos de caos. Entre el trabajo, la familia y los cambios de cada día, proponen reconocer pequeños momentos de calma que permitan recuperar fuerzas y volver al presente.

Correal se presenta como coach ontológica, experta en cinco elementos de las artes orientales e imagen personal; Lopera, como máster coach en programación neurolingüística. Desde sus experiencias, comparten prácticas de respiración, afirmaciones, gratitud y observación de lo cotidiano, además de una reflexión sobre lo fácil que resulta perderse una experiencia por estar pendiente del ruido que la rodea.

Cada día trae su afán

Para Lopera, los momentos de caos son situaciones críticas en las que podemos perder el centro. El entorno cambia y nos enfrenta a nuevos desafíos, incluso cuando sentimos que ya hemos recorrido muchas etapas de la vida.

Recuerda que alguien le dijo que, después de sus logros profesionales, su pensión y las experiencias acumuladas, ya no tendría por qué preocuparse. Ella responde desde lo que vive: «Realmente no es así», porque «cada día trae su afán».

Haber alcanzado metas y haber vivido alegrías no significa que dejen de aparecer dificultades. «Todavía tengo momentos de caos», reconoce. Son desafíos que, para ella, requieren mantenerse centrada para poder atenderlos.

Lopera utiliza la imagen de una persona en alta mar, rodeada de olas enormes y ante un posible naufragio. Pedirle serenidad en ese momento parece muy difícil. Con esa comparación, explica la importancia que encuentra en tener al menos un espacio para respirar y recuperar confianza cuando predominan la angustia y el miedo.

Correal lleva la imagen a las responsabilidades cotidianas. Los hijos, la pareja y las tareas pueden sentirse como esas olas que llegan una tras otra. En medio de ellas aparece otra dificultad: la culpa por reservar un momento propio.

Un tiempo sagrado para recargar las baterías

Correal recuerda una costumbre de su infancia. Su madre trabajaba, atendía responsabilidades familiares y, aun así, conservaba un espacio para una siesta de veinte minutos. «Era impajaritable», comenta: ese descanso era el momento de Lopera consigo misma.

«Para mí eran tiempos sagrados», responde su madre. Al relacionarlo con el libro Hábitos atómicos, describe esa pausa como un hábito que le «recargaba las baterías» y le permitía seguir respondiendo a las exigencias del trabajo, la familia y la vida social.

El recuerdo le sirve a Correal para expresar un aprendizaje que recibió de ella: «Uno no puede servir desde lo que no tiene». Si no encontramos un momento de tranquilidad, dice, resulta difícil entregar tranquilidad o pedirles a la pareja y a los hijos que se calmen.

Lopera insiste en dedicar ese tiempo sin culpa. Desde su experiencia, cuidarse ayuda a encontrar equilibrio y estabilidad, y a acompañar a los demás con mayor calidad.

Correal lo compara con la indicación de la mascarilla en el avión: ponerse primero la propia para después ayudar a la persona que está al lado. La imagen les permite explicar por qué atenderse también forma parte de poder atender a otros.

El espacio no tiene que ser igual para todo el mundo. Lopera se tomaba veinte minutos, pero propone comenzar incluso con cinco para respirar y soltar lo que pesa en ese momento. Correal reconoce que, para ella, hacer una siesta no funciona de la misma manera: necesita más tiempo para dormirse y por eso utiliza meditaciones breves.

Una pausa para observar algo bonito

Correal comparte una práctica que realiza cuando no puede descansar o cerrar los ojos: mirar por la ventana y encontrar algo bonito en el lugar donde está. Lo describe como una meditación «rápida, presente y consciente».

Puede ser la naturaleza, el cielo o cualquier imagen que produzca serenidad. La propuesta es detenerse a observar, respirar profundamente y agradecer por eso que está frente a nosotros.

Incluso una fotografía puede servirle como punto de partida. Si se trata de una imagen del Caribe, invita a imaginarse en ese paisaje; si está mirando el cielo por la ventana, a sentirse entre las nubes. Después propone hacer crecer la sensación de calma que ese momento despierta.

Lopera destaca el sentimiento que acompaña la práctica: la gratitud. En su explicación, agradecer en medio de una tormenta y reconocer que puede haber un punto de solución, «un punto de luz», ayuda a bajar la intensidad de la emoción que aturde.

La pausa aparece así como una manera de volver a lo que está sucediendo, observarlo con otros ojos y recuperar serenidad para continuar.

Aquietar la mente y traer recursos del futuro

Correal plantea otra pregunta frecuente: ¿cómo aquietar la mente cuando las emociones son abrumadoras? Aunque no estemos literalmente en una tormenta, podemos sentirnos como si estuviéramos en ella.

Lopera propone un ejercicio que vincula con la programación neurolingüística y la línea del tiempo: trabajar «del futuro hacia el presente». Consiste en imaginar la situación resuelta y traer desde ese futuro los recursos que se necesitan ahora para atravesarla con paz y serenidad.

Correal sugiere acompañarlo con afirmaciones positivas, como «estoy en calma». También menciona las expresiones del ho’oponopono: «Lo siento, perdóname, te amo, gracias».

Para ella, estas palabras pueden ayudar a soltar pensamientos repetitivos sobre situaciones que ya ocurrieron. Describe ese estado como seguir dentro del drama cuando «el drama ya se fue, ya pasó, ya sucedió».

Lopera recuerda la frase «la mente es la loca de la casa», que atribuye a Teresa de Ávila. Desde su experiencia, las afirmaciones han sido una forma de anclarse al presente en momentos especialmente difíciles.

Las afirmaciones que acompañaron un duelo

Al hablar de esos recursos, Lopera comparte una experiencia personal: la pérdida de su esposo, con quien había construido una historia de treinta años.

Reconoce que fue un duelo muy fuerte y que esa pérdida deja una marca.
Recuerda unas prácticas de ascensión que realizó junto a su hija, en las que utilizaban cuatro frases como anclajes relacionados con el amor, el perdón, la compasión y la serenidad. Las repetía con los ojos abiertos y cerrados y cuenta que ese ejercicio le ayudó mucho a encontrar calma y conciencia.

Cuando Correal le pide compartir alguna de las frases, Lopera recuerda: «Alabanza a Dios por mi vida». Su hija menciona otra que no se le olvida por su sencillez: «Dios me ama».

Ambas hablan de ese aprendizaje como un apoyo que tuvieron durante el duelo. Correal relaciona las afirmaciones y la visualización del yo del futuro con la posibilidad de salir de ese «bucle» de pensamientos sobre algo que ya pasó y que cuesta soltar.

Gózatelo y vive el presente

La conversación pasa de imaginar el futuro a mirar una experiencia del pasado. Lopera recuerda la participación de su hija en Miss Colombia, un momento que Correal había anhelado y para el que se había preparado durante mucho tiempo.

Sin embargo, al volver a verlo, ambas reconocen la tensión con la que lo vivió. «No me lo gocé», dice Correal. Aunque hoy puede reconocer que fue una experiencia bonita, en ese momento no logró disfrutarla.

Lopera imagina qué ocurriría si la Lía Patricia de hoy pudiera visitar a la de entonces y llevarle los recursos que tiene ahora. Su hija sabe lo primero que le diría: «Gózatelo».

Correal explica que el ruido sobre lo que se decía de una u otra candidata le impidió disfrutar la bendición de ser una de las veinte jóvenes que estaban viviendo esa experiencia. En vez de agradecer por estar allí, miraba lo que le hacía falta, aunque ahora siente que no le faltaba nada para poder disfrutarla.

«La presencia», resume Lopera. Para ella, algo parecido sucede cuando dejamos de vivir por estar pendientes de cosas que no nos ayudan a crecer.

Correal lo relaciona con el mundo laboral y universitario: podemos «engolosinarnos» con lo que vamos a lograr y dejar de disfrutar ese momento que no volverá a repetirse. Lopera lo describe como algo único y sitúa en el presente un «superpoder» para ser feliz.

De esa reflexión surge una invitación que ambas se hacen a sí mismas: relajarse, vivir y gozar la vida, porque no sabemos cuánto tiempo estaremos acá.

GLAD para saborear las pequeñas alegrías

Entre los pasos concretos para reconectar, Correal comparte un ejercicio llamado GLAD. Lo presenta como una forma de «saborear esas cosas pequeñas» que traen alegría al momento presente y lo organiza alrededor de cuatro aspectos: gratitud, logro, aprendizaje y deleite.

La gratitud consiste en reconocer algo por lo que se está agradecido, aunque parezca pequeño: por ejemplo, el café de la mañana.

El logro invita a mirar lo que se consiguió durante el día. No tiene que ser algo extraordinario: «Así sea tender la cama, eso es un logro», comenta Correal.

El aprendizaje abre la pregunta por algo que se descubrió o aprendió. Se trata de reconocer eso que se puede sacar del día, ese «silver lining», ese «punto de luz», como lo llaman durante la conversación.

El deleite consiste en recordar algo que haya producido placer o alegría. Al reunir estas experiencias, Correal considera que resulta más fácil mantenerse en el presente y apreciar lo que está ocurriendo.

Lopera vuelve a destacar la gratitud y alude a una escala de las emociones para explicar la importancia que le atribuye. Propone empezar por lo mínimo, incluso agradecer por respirar, algo que no todas las personas pueden hacer por sí solas.

También sugiere realizar el ejercicio en la noche y en la mañana. Correal reconoce que, al despertar, alguien podría preguntarse de qué va a deleitarse si el día apenas comienza. Su respuesta es buscar en lo cercano: un sueño, la posibilidad de levantarse o la sensación de estar en la cama con la almohada. Encontrar razones para vivir ese momento «como si fuera una bendición».

El momento Healy y el programa Serenidad

En el segmento dedicado a Healy, Las Lías hablan del programa «Serenidad», del módulo Soul Cycle, que relacionan con el trabajo sobre las heridas del alma. Correal lo presenta como un apoyo para potenciar la calma dentro del caos y como «un bálsamo» para el estrés acumulado.

Durante el intercambio, Lopera le atribuye efectos sobre el equilibrio entre los sistemas simpático y parasimpático y sobre los niveles de cortisol. Correal menciona las ondas cerebrales alfa y theta, así como la serotonina y la dopamina, al explicar lo que asocia con la relajación y los estados de ánimo armónicos.

Estas afirmaciones recogen las explicaciones que Las Lías comparten sobre el dispositivo en el episodio. En su experiencia, describen Serenidad como un programa que las acompaña en la búsqueda de paz y equilibrio.

Encontrar pequeños momentos de paz

Al cerrar la conversación, Correal propone aprender a vivir con el caos «como si fuera un baile». Reconoce que todos tienen un poco de caos en su vida y lo vincula con el movimiento y el crecimiento.

Su invitación es encontrar pequeños momentos de paz durante el día para recargar fuerzas y seguir adelante con mayor claridad. Lopera coincide en que los cambios continúan y en que reservar un espacio propio ayuda a volver al aquí y el ahora.

Las Lías invitan a compartir el episodio con alguien que pueda necesitar estas palabras, a suscribirse y a seguir el podcast en sus redes y su página web. Se despiden con su expresión habitual: «Gracias por vibrar con nosotras». Sigue vibrando bonito.