Frecuencia Vivo · Episodio 8 · Las Lías
«Lo siento, perdóname, te amo, gracias». En el octavo episodio de Frecuencia Vivo, Lía Correal y Lía Lopera conversan sobre el ho’oponopono, una práctica que presentan como una filosofía hawaiana centrada en corregir el error, el perdón y el amor. A partir de esas cuatro expresiones, comparten cómo la han incorporado a su vida y qué significado encuentran en su repetición.
El encuentro reúne experiencias personales, relatos que Lopera conoció en cursos y libros, y herramientas que ambas relacionan con el cuidado de las emociones. También hablan del niño interior, de las llamadas «palabras gatillo», de rituales con agua y de su experiencia con el programa «Crecimiento Cósmico» de Healy.
Corregir el error y trabajar desde uno mismo
Lopera explica el significado de ho’oponopono como «corregir el error» y lo vincula con los ancestros y la cultura hawaiana. Correal la presenta como una persona que ha profundizado en esta filosofía, especialmente a través de su acercamiento a Mabel Katz.
Al desarrollar la idea, Lopera sitúa la práctica en una mirada de conexión entre las personas y de responsabilidad sobre lo que ocurre en el entorno. En su explicación, el trabajo comienza en uno mismo y en lo que puede hacer para ayudar a transformar una situación «en luz».
Correal relaciona esa propuesta con el arte de perdonar y con hacerse responsable del propio lugar frente a lo que sucede. Las cuatro expresiones aparecen como el centro de ese trabajo: «Lo siento, perdóname, te amo, gracias».
Para Lopera, la palabra es energía e información, y tiene una frecuencia y una vibración. Desde esa interpretación explica el poder que atribuye a repetir esas frases ante distintas situaciones.
El relato del pabellón psiquiátrico
Para contar cómo conoció esta filosofía, Lopera comparte la historia de un médico al que relaciona con su práctica. Según el relato que transmite, trabajaba con los registros de personas internadas en un pabellón psiquiátrico vinculado al ámbito penitenciario.
Lopera cuenta que el médico no tenía contacto directo con los pacientes. Pedía las fichas, revisaba cada nombre y repetía expresiones de perdón, amor y gratitud, comenzando por reconocer aquello que, desde su perspectiva, podía estar en él y relacionarse con esa situación.
En la historia que narra, al cabo de un mes se habían retirado las camisas de fuerza y, aproximadamente al año, el pabellón había cerrado. Ella presenta ese relato como una de las experiencias que despertaron su interés por el ho’oponopono.
También menciona a Mabel Katz y a Joe Vitale, a quienes vincula con la divulgación de esa historia. Cuenta que conoció a Katz en varias de sus visitas a Colombia y que accedió a los libros de Vitale. Según lo que refiere en el episodio, ambos viajaron a Hawái para conocer lo ocurrido.
Lopera recuerda además a la maestra Simeona, a quien sitúa dentro de la transmisión de esta filosofía y de una cultura en la que el perdón y el amor ocupan un lugar esencial. Habla de un reconocimiento de Naciones Unidas en 1985 como parte de lo que ha aprendido sobre ella. Estos hechos se presentan en la conversación a través del relato y las referencias que comparte Lopera.
«A mí me pareció lindísimo», dice al recordar su acercamiento. Cuenta que la ha practicado y que le parece una experiencia hermosa.
Las memorias y los patrones internos
Correal relaciona el ho’oponopono con «limpiar memorias» y reprogramar patrones internos. La conversación retoma así los temas de episodios anteriores: las emociones que cargamos, las experiencias del pasado y las formas repetitivas de mirar lo que ocurre.
Lopera sostiene que la repetición de las palabras puede trabajar sobre esas memorias incluso cuando no se tiene una conciencia detallada de ellas. Desde su interpretación, vincula esa carga emocional con procesos de irritación e inflamación, y atribuye a la práctica efectos sobre el cortisol y la oxidación celular.
«Todo está conectado», comenta Correal. Esa idea reúne la forma en que ambas relacionan el pensamiento, el sentimiento y el cuerpo a lo largo del podcast.
Cuando se preguntan por qué funciona el ho’oponopono, Lopera vuelve al poder de las palabras y añade el papel del subconsciente y del niño interior.
Una relación afectuosa con el niño interior
Lopera describe al niño interior como ese lugar donde quedan guardados regaños, frustraciones, rabias, «chiquirrabias» y «pataletas de infancia». En su explicación, también carga con experiencias recibidas de la familia y de la escuela que no siempre logramos comprender.
Por eso considera importante construir una relación afectuosa con ese niño. La propuesta es reconocerlo y acompañarlo para seguir adelante sin cargar de la misma manera con esas emociones.
Correal utiliza la imagen de un cuaderno: como si pudiéramos borrar, hasta cierto punto, información que quedó muy adentro y encontrar una comunicación más clara con esa parte de nosotros mismos.
Lopera recuerda una historia que escuchó de Mabel Katz. Cuenta que, antes de viajar, Katz imaginaba tomar de las manos a su niña interior, hablarle con cariño e invitarla a acompañarla. Según el relato, una vez olvidó ese ritual y tuvo múltiples dificultades durante el viaje, que interpretó como una «pataleta» de esa niña interior.
Correal reconoce que fue su madre quien le dio a conocer la práctica. Al principio repetía las cuatro frases sin conocerla a profundidad; con el tiempo, dice, se ha vuelto más consciente de su propia niña interior. Incluso recuerda su experiencia en el reinado como uno de esos momentos en los que ahora identifica una «pataleta».
Lopera expresa que le habría gustado conocer antes esta filosofía y vuelve a la gratitud como una emoción central en su manera de practicarla.
Lo siento perdóname te amo gracias
Durante la conversación, Correal propone mirar cada expresión como parte de un «plan de acción». Las Lías explican los significados que ellas les dan al utilizarlas.
«Lo siento» representa, en esa lectura, reconocer un programa interno que podría estar relacionado con una situación. Correal lo conecta con la intención de corregir aquello que se está repitiendo.
«Perdóname» aparece como una petición dirigida al ser superior y también a uno mismo. Lopera señala que a veces no advertimos nuestro propio papel en lo que ocurre alrededor.
«Gracias» expresa el agradecimiento por la oportunidad de limpiar o borrar esa información. Correal retoma la imagen del cuaderno para hablar de escribir algo más consecuente con lo que se quiere vivir.
«Te amo» reúne el valor que ambas atribuyen al amor. Lopera destaca especialmente la combinación de «gracias» y «te amo», palabras que describe como de «altísima vibración».
Correal aclara que, en la manera de practicar que están compartiendo, esas expresiones son un regalo para uno mismo. No es necesario entenderlas únicamente como palabras dirigidas a otra persona.
Ante la preocupación o la angustia, Lopera propone repetirlas para poner el foco en algo diferente de la situación que está absorbiendo la atención.
Historias de gratitud y resultados inesperados
Lopera comparte otra anécdota que atribuye a Mabel Katz. Según cuenta, Katz llevaba documentación y materiales para unos cursos en Colombia y tuvo dificultades en la aduana. Durante ese momento repetía «gracias, gracias, gracias».
En el relato, la situación terminó resolviéndose y pudo pasar el material sin que le cobraran impuestos. Lopera lo recuerda como un ejemplo del valor que encuentra en la repetición de una sola palabra.
Correal menciona también una historia que leyó en un libro de Joe Vitale: una mujer a la que le habían robado el bolso comenzó a agradecer mentalmente y, según esa narración, el ladrón regresó para devolvérselo.
Ambas presentan estas anécdotas como situaciones que les resultan sorprendentes y que relacionan con su interpretación del ho’oponopono. Lopera añade que, desde su propia experiencia, considera que la práctica puede cambiar la forma de atravesar una situación y su resultado.
Una herramienta personal para el día a día
Correal pregunta cómo llevar la práctica a la vida cotidiana. Lopera habla de las situaciones que encontramos al salir de casa: una discusión, un accidente de tránsito o un conflicto que puede terminar enganchándonos emocionalmente.
La repetición de las palabras es, para ella, una forma de no cargarse con todo lo que ocurre alrededor. Correal lo compara con el aceite y ambas llegan a una expresión coloquial: «Me resbala».
Con esa imagen explican el deseo de no quedar atrapadas en la «densidad» de situaciones que no dependen de ellas.
Lopera añade otras «palabras gatillo» que utiliza para centrar la mente: «llave de luz», «fuente universal», «colibrí», «llovizna» y «gotas de rocío». Cuenta que también pueden acompañarse del «gracias, gracias, gracias».
Correal hace una precisión: se trata de algo personal, que no se impone a otra persona diciéndole que tiene que hacer ho’oponopono. Lopera coincide y lo sitúa dentro de una «caja de herramientas emocionales».
Así como un mecánico tiene herramientas o una casa tiene un botiquín, explica, también podemos reunir recursos para acompañar las emociones y atravesarlas. En su experiencia, esta práctica forma parte de ese «botiquín de emergencia».
Los rituales con agua
Entre las herramientas que mencionan está el «agua solar». Lopera la describe como agua que se coloca en una botella azul y se deja a la luz del sol.
Desde su visión energética, atribuye al sol una capacidad de transmutación y relaciona el ritual con la alegría, el amor, la paz y la armonía. Cuenta que acompaña el momento de beberla con la repetición de «gracias» y lo compara con la armonización del agua que realiza con Healy.
Correal comenta que pueden utilizar una botella azul que ya tengan disponible para esa práctica. Al preguntar por los beneficios, Lopera responde desde la frecuencia y la armonía bioenergética que asocia con el amor y la gratitud.
También comparte un ritual con un vaso de agua para una situación que preocupa: colocar una referencia a esa situación bajo el vaso y repetir palabras de agradecimiento. Lopera lo describe como una «limpieza con el vaso con agua» y cuenta que, en su experiencia, lo relaciona con cambios en lo que está viviendo.
Estas prácticas y los efectos que les atribuyen corresponden a la manera en que Las Lías presentan sus rituales durante el episodio.
El momento Healy y Crecimiento Cósmico
Para acompañar el trabajo con ho’oponopono, Correal presenta el programa «Crecimiento Cósmico» de Healy. En su explicación, lo relaciona con la frecuencia de Fibonacci y con un «viaje vibracional hacia la conciencia».
Describe el propósito que le atribuye como la posibilidad de mirar una situación desde otra perspectiva, en lugar de permanecer enganchados en una sola forma de verla.
Durante esa presentación le atribuye efectos sobre la coherencia corporal y la «quietud neuronal». También menciona la fuerza vital, el campo emocional y el agua corporal, aludiendo a que el cuerpo es en un setenta por ciento agua.
Correal sostiene que acompañarlo con «lo siento, perdóname, te amo, gracias» permite lo que llama un «reseteo». Además, habla de sincronizar los hemisferios cerebrales, expandir la conciencia y purificar el campo magnético. Son las explicaciones y los efectos que ella atribuye al programa en esta conversación.
Lopera vuelve al sentido general que encuentra en el ho’oponopono: trabajar sobre la propia energía y vivir en armonía. Correal destaca la sencillez de comenzar repitiendo las cuatro expresiones, aunque al principio no se conecte con un sentimiento particular.
Empezar por las palabras
Al final del episodio, Lopera recuerda haber visto las cuatro frases en Unicentro el año anterior, distribuidas de forma que podían leerse mientras se caminaba: «Lo siento, perdóname, te amo, gracias».
Correal invita a quienes deseen profundizar a visitar frecuenciavivo.com, consultar los recursos sobre ho’oponopono y otras herramientas de crecimiento personal, o agendar una sesión con ellas. También anima a seguir sus redes, donde comparten reflexiones, afirmaciones y prácticas.
Las Lías cierran invitando a compartir el episodio con alguien a quien pueda interesarle y agradecen a quienes las acompañan. «Gracias por vibrar con nosotras». Sigue vibrando bonito.