Frecuencia Vivo · Episodio 9 · Las Lías
Perdonar no significa decir que estuvo bien lo que nos hicieron. Para Lía Correal y Lía Lopera, significa elegir qué hacer con el dolor que dejó una experiencia y comenzar a soltar el peso que sigue teniendo en nuestra vida. En el noveno episodio de Frecuencia Vivo, Las Lías conversan sobre el perdón como un proceso de liberación emocional que necesita reconocimiento, tiempo y compasión.
El encuentro reúne metáforas, una experiencia personal de Correal y reflexiones sobre la rabia y los límites. También comparten su experiencia con Healy y proponen pasos para observar lo que sentimos antes de reaccionar. Una idea atraviesa la conversación: el perdón es un regalo que nos damos a nosotros mismos y no exige justificar el daño ni volver a una situación que lastima.
Soltar el peso que llevamos dentro
«El perdón es un acto de liberación emocional», explica Lopera. Lo describe como una decisión consciente de soltar el resentimiento, la rabia y el dolor que cargamos.
Correal recoge esa definición con una distinción: perdonar no es afirmar «está bien lo que me hiciste», sino elegir soltar «ese veneno que esto ha dejado en mí».
Para ilustrarlo, recuerda un relato de la filosofía oriental que relaciona con una batalla y unos soldados heridos por flechas envenenadas. Mientras unos se quedan concentrados en el veneno que se está extendiendo por su cuerpo, otro se saca la flecha y sobrevive.
Lopera retoma la imagen como una forma de hablar de la carga emocional: sacarse la flecha representa liberarse de aquello que continúa haciendo daño. Ambas la vinculan con el poder que atribuyen al pensamiento y con la manera de permanecer atentos a una herida.
Lo que todavía seguimos cargando
Lopera añade otra metáfora: tres monjes llegan a un río donde una mujer necesita ayuda para cruzar. Aunque sus normas les prohíben tocar a una mujer, uno de ellos actúa con compasión, la carga y la deja a salvo en la otra orilla.
Después, los otros dos continúan cuestionándolo por haber incumplido la norma. Él les responde: «Yo solté a la mujer hace rato y ustedes todavía la siguen cargando».
El relato les permite volver a la pregunta por aquello que seguimos llevando cuando la situación ya terminó. Para Lopera, el perdón se relaciona con dejar de sostener esa carga de rabia, resentimiento y dolor.
Correal aclara que se trata de un proceso interno. Nadie puede hacerlo por nosotros, aunque otras personas puedan acompañarnos. Lopera insiste en la disposición para trabajar en ello y en la responsabilidad que cada persona asume sobre su propio proceso de liberación.
Reconocer el dolor antes de intentar perdonar
Correal hace una precisión que considera indispensable: la propuesta no es minimizar lo que duele. Si algo produjo rabia, tristeza o decepción, primero hay que reconocerlo, darle espacio y permitirse sentir.
Las emociones aparecen en su explicación como un «termómetro». Antes de llegar al perdón, propone mirar la herida y atenderla. Utiliza la imagen de una herida física que necesita limpiarse para expresar por qué no basta con pasar por encima de lo que ocurrió.
Lopera coincide en que continuar con esa herida puede mantener vivo el dolor. A partir de ahí, la conversación deja las metáforas y entra en una experiencia que Correal tuvo que trabajar durante años.
Un accidente y un proceso que tomó años
Correal cuenta que, casi veinte años antes, una moto la atropelló en las afueras de la universidad. Describe el accidente como una situación fuerte que la dejó aproximadamente un año sin caminar y después la llevó a aprender a hacerlo de nuevo.
El impacto también pasó por la relación con su cuerpo. Desde pequeña lo había cuidado y le preocupaban las marcas. Encontrarse con las huellas del accidente en la pierna y en el rostro fue parte de lo que le costó aceptar.
Explica que la dificultad para perdonar apareció después, al enfrentarse con lo sucedido. Reconocía que la persona no había tenido la intención de hacerle daño, pero eso no hacía desaparecer automáticamente lo que sentía.
En su recorrido utilizó el ho’oponopono. «No fue un trabajo de un mes o de quince días, fue un trabajo de años», subraya. Al mirar la experiencia dos décadas después, dice que ya no siente el mismo peso, aunque conserva los aprendizajes.
Lopera describe ese trabajo como un acto de generosidad y compasión con una misma. Desde su mirada, soltar de corazón permite aliviar la vida y atravesar la situación de otra manera.
Aprender a recibir ayuda
Correal recuerda que, durante su proceso, volvió una y otra vez a una idea: el conductor no había querido lastimarla; había ocurrido un accidente. Cuenta que mirar lo sucedido desde esa perspectiva le permitió responder de una forma más compasiva y trabajar sobre lo que seguía viviendo por dentro.
Cuando Lopera le pregunta qué aprendió, menciona algo que antes le costaba mucho: apoyarse en otras personas. Quería hacerlo y controlarlo todo, y recibir ayuda le resultaba difícil.
La recuperación la puso frente a una dependencia muy concreta. Necesitaba que la cargaran incluso para ir al baño. Esa experiencia le enseñó que requerimos de los demás, también para actividades que normalmente damos por sentadas.
Otro aprendizaje tuvo que ver con la vanidad y la belleza física. Reconoció que lo físico cambia, pasa y no permanece igual para siempre.
Lopera recuerda los pronósticos difíciles que escucharon durante la recuperación y expresa admiración por la resiliencia de su hija. Al hablar de las marcas que quedaron, las compara con gráficos que decoran su pierna. Correal añade, con humor, que parecen «hexagramas orientales».
De ese recuerdo extrae una diferencia que considera esencial: perdonar no vuelve aceptable lo que pasó. Le permite decir que está bien y que ha podido estar mejor «a pesar de lo que pasó».
Quiero perdonar pero todavía siento rabia
La conversación aborda entonces una inquietud frecuente: «Quiero perdonar, pero es que me da rabia, es que no lo siento». Correal responde desde el reconocimiento de la emoción.
Para ella, la rabia puede señalar que un límite fue transgredido o que algo no estuvo bien. Por eso no la presenta como una emoción que deba rechazarse: «Si sientes rabia, pues siéntela».
También distingue sentir rabia de explotar. La emoción puede impulsar una acción que antes no nos atrevíamos a realizar, como expresar que una conducta es inaceptable o pedir respeto.
Lopera coincide en la importancia de los límites y, al mismo tiempo, propone no responder a la carga emocional con otra reacción igual. Habla de bajar la intensidad para poder elegir cómo actuar.
Poner un límite con dignidad
Para ilustrar esa posibilidad, Las Lías aluden a un episodio relacionado con la representante de México en Miss Universo. Según el relato que comparten, recibió un trato irrespetuoso por parte de una figura de autoridad del concurso y respondió exigiendo respeto, sin perder la calma.
Lopera destaca que, ante la escalada del conflicto, la participante decidió retirarse por su cuenta. Lo interpreta como un acto de dignidad y empoderamiento.
Correal recoge el ejemplo para hablar de la coherencia con una misma: reconocer «esto no está bien» y poner un límite con firmeza y respeto. En su lectura, la rabia puede acompañar esa acción sin convertirse en una explosión.
Más adelante vuelven a los límites en situaciones familiares y laborales. A veces seguimos viendo a la persona con la que surgió el conflicto: un jefe, la pareja, un hijo u otro familiar. Para Lopera, tomar cierta distancia puede ayudar a atravesar un proceso que no se resuelve de inmediato.
Ambas relacionan los límites con el respeto y con reconocer hasta dónde puede llegar la otra persona. El trabajo del perdón convive, en su propuesta, con ese cuidado del espacio propio.
Lo que puede haber debajo de la rabia
Correal invita a preguntarse si la rabia está protegiendo un dolor más profundo. Recuerda un cuento que atribuye a Jorge Bucay, en el que la rabia y la tristeza se bañan en un lago y terminan intercambiando sus vestidos.
Con esa imagen explica que, a veces, una rabia muy grande puede cubrir tristeza, o que la tristeza puede esconder una rabia que no se ha reconocido.
Lopera habla de «rabias congeladas» y vincula esa acumulación con estados de malestar emocional, ansiedad y depresión, desde la interpretación que comparte en la conversación.
Correal propone dos preguntas para explorar lo que está ocurriendo: «¿Qué estoy sintiendo?» y «¿qué me llevó a sentir eso?». Reconocer de dónde viene la emoción permite, para ellas, mirar con mayor claridad lo que se está cargando.
El perdón es una elección que se vuelve a hacer
Correal insiste en que el perdón no es un evento único. No siempre basta con decir «ya perdoné»: puede reaparecer un recuerdo o un pensamiento que nos devuelva a la situación.
En esos momentos, explica, vuelve la posibilidad de elegir si seguimos alimentando ese pensamiento o si intentamos dejarlo ir. Esa repetición forma parte del proceso, como ocurrió en su propia experiencia durante años.
Lopera retoma la distancia como un recurso cuando no es posible resolver una situación o cambiar a otra persona. Dar espacio puede ayudar a disminuir la intensidad y a sostener los límites mientras se trabaja en lo que se siente.
El cuerpo y el peso del resentimiento
Durante el episodio, Las Lías también hablan de la relación que encuentran entre el perdón y la salud física. Lopera atribuye al resentimiento sostenido un estado de estrés y menciona el cortisol, la presión arterial y el sistema inmunológico en su explicación.
Correal relaciona el acto de soltar con el descanso y con la regulación de los sistemas simpático y parasimpático. También introduce su mirada desde la filosofía de los cinco elementos, en la que vincula el resentimiento con el flujo de energía y con órganos como el hígado y los riñones.
Lopera utiliza la imagen de las «piedras que no has soltado» para explicar la relación que establece entre las emociones y los cálculos renales o biliares. Estas asociaciones recogen las interpretaciones que ellas expresan durante la conversación sobre el cuerpo y la carga emocional.
El sentido que ambas dan a ese intercambio es observar cómo están viviendo lo ocurrido y buscar formas de soltar el resentimiento en beneficio del propio bienestar.
El momento Healy y el programa Release
En el segmento dedicado a Healy, Correal presenta el dispositivo como una herramienta de frecuencias que, desde su perspectiva, acompaña los procesos de liberación emocional. Menciona que dispone de alrededor de nueve millones de frecuencias o más y destaca el programa «Release».
Lopera lo relaciona con soltar heridas y dolor. Durante su explicación le atribuye efectos sobre el cortisol y sobre órganos como el hígado y el riñón. Correal amplía la conversación a la vesícula y al estómago, y habla de las cargas que asocia con la alimentación y las emociones.
También plantea que lo que consumimos incluye lo que vemos, por ejemplo, en redes sociales. Desde esa mirada, vuelve a la idea de que «todo está conectado».
Correal describe un análisis de resonancia que, según explica, orienta el apoyo del dispositivo de manera personalizada. Añade que también utiliza los programas de forma intuitiva y menciona sesiones de unos cincuenta o sesenta minutos con Release cuando siente rabia o una situación la sobrepasa. Son los usos y los efectos que Las Lías atribuyen al equipo durante el episodio.
Al mismo tiempo, Correal deja una precisión: «No reemplaza nunca el trabajo interno». Lo expresa con una frase que resume el límite que le pone a esa herramienta: no se trata simplemente de decir «Healy, quítame la rabia».
Reconocer sentir y elegir cómo actuar
Antes de cerrar, Las Lías reúnen tres pasos para comenzar a trabajar en el proceso. El primero es reconocer la emoción que está presente, sin juzgarla ni criticarla. Puede ser rabia, tristeza, culpa o cualquier otro sentimiento que necesite ser nombrado.
El segundo es darse tiempo para sentir. Correal propone tomar distancia cuando sea necesario y evitar una reacción inmediata, incluso si la otra persona está enfrente. Lopera lo resume como dejar un espacio para que baje la emoción.
El tercero es respirar y esperar hasta poder actuar desde una elección consciente. La intención es recuperar la posibilidad de decidir qué hacer con lo que se siente, en lugar de responder únicamente desde la intensidad del momento.
«El perdón es un regalo que tú te das a ti mismo. No es fácil, pero vale la pena el camino», recuerda Correal. Su experiencia atraviesa esa invitación: un proceso puede tomar tiempo y dejar aprendizajes que solo se reconocen al mirar atrás.
Las Lías animan a seguir el podcast, visitar frecuenciavivo.com y compartir el episodio con alguien que pueda necesitar estas palabras. También invitan a comentar qué reflexión se llevan del encuentro.
«Vibra alto, vibra lindo, vibra bonito con Las Lías», se despide Lopera. «Gracias por vibrar con nosotras». Sigue vibrando bonito.