Frecuencia Vivo · Episodio 5 · Las Lías
Llegar a casa y encontrar un «remanso de calma», un lugar que invite a descansar en lugar de generar más estrés. Ese es el punto de partida del quinto episodio de Frecuencia Vivo, en el que Lía Correal y Lía Lopera conversan sobre el equilibrio en los espacios físicos y la relación que encuentran entre el hogar, las emociones y el bienestar cotidiano.
Desde su experiencia, comparten ideas para revisar lo que acumulamos, soltar con gratitud, elegir colores y construir hábitos sencillos de cuidado. La invitación va más allá de poner cada cosa en su sitio: también consiste en preguntarnos por qué conservamos ciertos objetos y cómo queremos sentirnos en el lugar que habitamos.
El hogar y lo que llevamos por dentro
«El hogar es el reflejo de tu energía», plantea Lopera. Desde esa mirada, relaciona el orden y la paz interior con lo que se expresa en el entorno, y propone buscar que cada rincón de la casa acompañe una sensación de armonía.
Correal reconoce que ella también tiene cosas acumuladas. A veces no sabemos por dónde empezar ni cómo hacerlo, comenta, y considera que esa acumulación puede hablar de cómo nos sentimos por dentro.
En medio de agendas llenas de responsabilidades, ordenar queda para después. Por eso sitúa la palabra «orden» como una clave del episodio, aunque aclara que el trabajo no termina al encontrar un espacio para cada cosa. También implica revisar aquello que guardamos y que no queremos soltar.
Lo que guardamos también tiene una historia
Como asesora de imagen, Correal encuentra con frecuencia prendas que permanecen en el clóset por razones emocionales. Puede ser un vestido usado hace veinte años, la ropa de una primera cita o una pieza que conecta con el deseo de volver a ser la persona de otra época.
«Está bonito y algún día me lo voy a poner» puede ser la explicación más inmediata. Sin embargo, ella invita a mirar si detrás hay un valor sentimental, un recuerdo o una etapa que cuesta dejar ir.
La conversación retoma una idea de los episodios anteriores: todo cambia. Si nosotros cambiamos, también puede cambiar el lugar que tienen los objetos en nuestra vida.
Lopera añade otra parte del problema: el consumo. Habla de un «consumismo feroz y desesperado» que lleva a comprar cosas que no necesitamos e incluso a conservarlas sin estrenar. A veces se adquirieron en una rebaja o quedaron reservadas para una ocasión especial, y pasan los años sin usarse.
Correal reconoce que eso también les ocurre a ellas cuando hacen limpieza de clóset: «Esto lo compré y no me lo he puesto». Regalarlo, donarlo, venderlo o hacer un trueque puede ser difícil, aunque la prenda lleve mucho tiempo sin tener uso.
Soltar capas y hacerlo a nuestro ritmo
Al hablar de los objetos, Correal menciona a Marie Kondo y la carga que, desde su interpretación, tiene cada cosa que conservamos. Después comparte su propio proceso: durante los últimos diez años ha ido depurando prendas y zapatos relacionados con etapas anteriores de su vida.
Incluso cuando eran vestidos o zapatos muy bonitos, ha aprendido a dejarlos ir con el paso del tiempo. Reconoce que no siempre ha estado preparada para soltarlo todo de una vez. Lo describe como un proceso en el que «se van soltando capas».
Esa disposición también importa al revisar otras zonas de la casa. La silla llena de ropa, el lugar donde se dejan las carteras o cualquier rincón donde se acumulan cosas pueden convertirse en una oportunidad para detenerse y preguntar: ¿qué hay aquí y por qué está aquí?
La propuesta es mirar esos espacios con conciencia y reconocer qué sigue teniendo cabida en la vida actual.
Un ritual de gratitud para dejar ir
Lopera comparte un ritual que utiliza cuando suelta algo. Antes de dejarlo ir, agradece el servicio que le prestó y el tiempo que estuvo con ella: «Gracias por lo que me serviste, gracias por el tiempo que estuviste conmigo».
Desde su fe, también agradece haber podido tenerlo y expresa que hoy lo suelta con gratitud. Cuenta que ese gesto le ayuda a desprenderse sin quedarse en el vacío, la culpa, la desesperación o el apego.
Correal relaciona ese ejercicio con liberar un espacio energético. En su explicación, una prenda, unos zapatos, unas velas o una vajilla pueden estar vinculados a una energía y a una historia. Cuando ya no tienen cabida en la vida y aun así se mantienen, ella lo interpreta como una forma de estancamiento.
Lopera añade que abrir espacio no debería conducir a acumular otra vez cosas que no son útiles. Recuerda el dicho «la basura de uno puede ser el tesoro de otras personas» para hablar del valor que algo puede tener para alguien más, aunque para nosotros haya cumplido su propósito.
Ambas proponen revisar con frecuencia lo que se tiene y evitar «comprar por comprar».
Reconocer las compras que hacemos sin pensarlo
El consumo les parece un tema que podría ocupar otro episodio. Correal habla de los productos que aparecen una y otra vez en las redes sociales y de esas compras que hacemos al final del día, cuando estamos cansados, para luego preguntarnos: «¿Yo por qué compré eso?».
A veces, comenta, no encontramos una razón más allá de haberlo visto y comprado. Su invitación es tomar conciencia de esos momentos para que resulte más fácil dejar pasar la tentación.
La revisión de la casa se conecta así con una revisión de los hábitos: qué entra al hogar, para qué se compra y si realmente se necesita.
Los colores y la sensación que buscamos en casa
Después de depurar, Correal propone observar qué puede hacer que la casa se sienta más tranquila. Desde su trabajo con el feng shui y el color, habla de elegir tonos que nos gusten y que, en su interpretación, acompañen nuestra energía.
Explica que las preferencias y sensaciones pueden variar entre personas. Relaciona el naranja con la alegría y la acción, y el azul con una disposición más reflexiva. También menciona el rojo como un color que invita a actuar.
Durante la conversación, vincula estas ideas con la psicología del color y el neuromarketing. Utiliza como ejemplos los tonos suaves que asocia con los hospitales y el rojo que identifica en cadenas de comida. Son referencias con las que explica la influencia que atribuye al color sobre cómo nos sentimos en un espacio.
Desde su lectura del feng shui, recomienda prestar especial atención al uso del rojo y el azul cuando ocupan toda una habitación. Al rojo lo relaciona con una activación que, según plantea, podría dificultar el descanso; durante su explicación también menciona el cortisol.
En el caso del azul, utiliza la imagen del agua y de una habitación que se siente como un estanque. Considera que, en exceso, puede asociarse con melancolía o nostalgia. Por eso propone emplear esos colores en acentos, en lugar de cubrir con ellos todo el espacio.
Como base, sugiere tonos neutros como blanco, beige y colores tierra, que relaciona con calidez y «enraizamiento». Estas recomendaciones recogen su manera de integrar el feng shui, la percepción del color y la búsqueda de un hogar que se sienta como un «remanso de paz».
Hábitos pequeños para cuidar el espacio
Una vez revisados el orden y los colores, Las Lías se preguntan qué hábitos pueden sostener esa sensación de calma. Lopera menciona acciones sencillas: arreglar la cama, abrir las ventanas y darle luz a la casa.
También habla de crear rincones que recuerden algo trascendente, encender una vela o aromatizar el ambiente. Desde su perspectiva, estos detalles acompañan el propósito de elevar las vibraciones del espacio y «vibrar bonito».
Correal suma una práctica que vincula con las tradiciones orientales: mantener cerradas las tapas del baño para evitar lo que describe como fugas energéticas. Lo relaciona con el agua y con ese lugar por donde, según su imagen, la casa evacúa.
Lopera insiste en el mantenimiento: si algo se daña, repararlo; si la pintura está deteriorada, retocarla. Para ella, mantener la casa en orden forma parte del cuidado cotidiano.
Las mingas y el cuidado aprendido en familia
Correal recuerda que, mucho antes de conocer el feng shui, su padre ya les enseñaba a cuidar la casa. Cada año o cada seis meses organizaba trabajos en la parte exterior, como pintar con cal las piedras y parte de las palmeras.
Eran «mingas», cuenta, jornadas que también se hacían en el barrio y que les enseñaban a atender el lugar donde vivían. El recuerdo conecta el cuidado de los espacios con una práctica compartida y aprendida desde pequeños.
También reconoce que su madre mantuvo el hábito de hacer reparaciones y atender las necesidades de la casa, incluso después de la muerte de su padre. Lopera lo describe como un aprendizaje positivo orientado a que el hogar sea un remanso de paz y armonía.
La ocasión especial es ahora
Hacia el final de la conversación, Correal vuelve a esas cosas que se compran y se guardan para después. Su propuesta es sencilla: «El momento es ahora, la ocasión especial es ya».
Si hay velas esperando una fecha señalada, invita a usarlas. Si se compró una vajilla, a servir en ella la comida, incluso cuando se almuerza o se cena a solas. La idea es hacer de ese momento una ocasión especial.
Lopera lo relaciona con celebrar la vida diariamente, vivir con alegría y entusiasmo, y reconocer que los pequeños detalles externos también pueden aportar disfrute. «No las guardes, úsalas», coincide.
Un armonizador para los espacios
En el segmento dedicado a las herramientas que utilizan, Las Lías presentan un dispositivo para armonizar espacios que tienen con ellas durante la grabación. Lo describen como un equipo que trabaja con frecuencias y pulsaciones magnéticas.
Según explica Lopera, el propósito que le atribuye es armonizar el ambiente y hacer que las personas presentes reciban ese efecto. Correal lo compara con la capacidad que, desde su mirada, también tienen las personas de transformar un lugar mediante su alegría y su forma de relacionarse.
Habla de esos encuentros en los que alguien comenta: «Qué tienes tú que me encanta tu energía». Con esa imagen explica cómo entiende el acompañamiento del dispositivo en los espacios compartidos.
Durante el episodio menciona que cuenta con doce programas de armonización de ambientes y destaca «Limpieza Energética». Lopera lo relaciona con buscar armonía y paz en lugares donde no siempre se siente fácil permanecer de manera tranquila y relajada.
Correal lo describe como «darse una ducha de buena energía». Lo vincula con esos momentos en los que una persona llega con un sentimiento que no sabe de dónde viene, y con la idea de limpiar el campo energético. Estas descripciones corresponden a la experiencia y a las explicaciones que ambas comparten sobre el equipo.
Mirar el hogar con otros ojos
Las Lías cierran invitando a mirar la casa como ese lugar donde se recarga la energía y se encuentra paz. Para Lopera, el hogar expresa lo que llevamos dentro y representa un espacio de alivio frente a las situaciones de la vida.
Correal anima a comenzar el propio recorrido hacia el orden y a compartirlo en redes con el hashtag «vibrabonito». También invita a suscribirse al podcast y a visitar su página web.
Después de hablar de soltar, cuidar y disfrutar lo que se tiene, se despiden con la frase que acompaña cada encuentro: «Gracias por vibrar con nosotras». Sigue vibrando bonito.